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Bitácora de la gira Españoguayo | Día 1 – San Sebastián e Irún

Coincidimos con todo el equipo del viaje en el Aeropuerto de Carrasco, ayer Sábado a las 11.30am de Uruguay. Hasta la llegada a Madrid, al otro día (que viene a ser hoy, disculpen el jet-lag) no hay grandes cosas para comentar: subimos al avión, instrucciones de seguridad, azafatas que bailan la macarena poniéndose y sacándose el cinturon, “¿Pollo o pasta?”, un baño que va en decadencia a medida que avanza el viaje, películas dobladas al español con mucho acento en el que Mufasa y Terminator tienen la misma voz y un boludo fan de los deportes extremos que no apaga el celular ni lo pone en modo avión durante el despeje. Lo normal, lo esperable de un viaje en avión de estas características. El periplo accidentado y la secuencia de dolores de cabeza empiezan luego de las más de 5 horas de espera en el aeropuerto de Madrid para hacer la conexión con San Sebastián.

 

Íbamos en el Ganso (el avión del oso Baloo en aventureros del aire) desde Madrid a San Sebastián, cuando al estar en pleno proceso de aterrizaje nos agarró una tormenta enorme, cual irrupción de un tema de la Karibe en un festival de murga joven, que sacudió al avión haciendo saltar de sus asientos a varios pasajeros (incluyendo a dos de nosotros) caer cosas y poner a rezar a personas que no tenían pinta de rezar muy seguido. El piloto del avión no pudo darle pelea a la tormenta así que se alejó, y nos derivaron al aeropuerto de Pamplona donde aterrizamos casi una hora después de la hora prevista.  Las valijas tardaron tres rondas de cinta transportadora en aparecer (con un momento en el que la cinta fue detenida y no habían aparecido las nuestras), se largó a llover torrencial y el ómnibus designado a transportarnos de Pamplona a San Sebastián no aparecía. Luego apareció, y nos llevo al centro de San Sebastián donde nos dejó a nuestra suerte (y con lluvia similar a la que experimentó Noé poco después de culminar el Arca). Nos dispusimos entonces (ya muertos de hambre, sueño y con el más oscuro de los ojos arrugado y apretado por el miedo experimentado) a retirar la van que teníamos reservada, cosa que, como podrá usted imaginarse sin mayor dificultad, no sucedió. Se olvidaron de decirnos que necesitamos tal cosa, la web debió decirnos tal otra, debimos peregrinar a la virgen de Pelotillehue con los brazos en la espalda, tener una tarjeta de crédito con doscientos mil dólares de respaldo y un tatuaje de Donald Trump en el prepucio para poder retirar el vehículo que hace más de dos meses estaba reservado por nosotros.

Seguimos en vías de solucionar el tema transporte, pero escribo desde una hermosa casa en Irún administrada por una familia divina y alquilada a través de AIRBNB (después les voy a pasar el link, si vienen por acá o alguien querido por ustedes viene, vengan a esta casa). Seguiremos experimentando nuevas emociones y caminando el camino del viajero para disfrutar la vida y aprender a crecer. Tremendo equipo el viaja conmigo, estando solo habría colapsado en minutos. ¡Gracias a toda la gente que me escribió! ¡Y vamo arriba!